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Estudio de arquitectura: beneficio real por proyecto y por etapa, no por honorario
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Estudio de arquitectura: beneficio real por proyecto y por etapa, no por honorario

Olena Smolikova
Olena Smolikova
Financial expert at Finmap

«Llevamos seis proyectos a la vez, la agenda está llena casi con un año de antelación, los honorarios son de 800 mil, cerca de un millón por obra. Y en julio no tenía con qué pagar los sueldos y le pedí prestado a un amigo. Seis proyectos y un hueco de caja. Sinceramente no entendía cómo pasaba», cuenta Andréi, fundador de un estudio de arquitectura de nueve personas.

¿Te suena? El teléfono no para, los clientes hacen cola, en la cartera hay obras sonadas de las que no da vergüenza presumir en Instagram. Y al cierre del trimestre miras la cuenta y no entiendes adónde fueron a parar esos millones en honorarios. El primer pensamiento siempre es el mismo: «hay que tomar más proyectos, subir la tarifa, contratar a otro arquitecto». Aunque el problema casi nunca está en la cantidad de proyectos.

El problema es que el estudio se lleva como una sola caja grande. Entra un anticipo por una obra y con él se cubren los sueldos de las seis. Llega el pago de una etapa de otra y se pagan el alquiler y los impuestos. El dinero se mezcla en una misma olla y, mientras está todo junto, no ves una cosa sencilla: un proyecto le deja al estudio un 40 % neto, mientras que otro te arrastra a números rojos por tercer mes seguido. Ambos parecen igual de «importantes». Ambos consumen el tiempo de tu equipo. Pero solo uno te da de comer.

Este artículo trata de cómo desglosar el estudio en proyectos y etapas por separado. Para que por fin veas qué obra alimenta de verdad al equipo y cuál solo crea la ilusión de estar ocupado mientras se come tu margen en silencio.

Cómo Andréi llegó a un hueco de caja con la agenda llena

Andréi abrió el estudio tras doce años como arquitecto asalariado. Primero, solo con el portátil en la mesa de la cocina; luego dos; luego un espacio abierto alquilado y un equipo de nueve: arquitectos, un ingeniero de estructuras, un renderista, un jefe de proyectos. Las obras se volvieron serias: casas privadas, restaurantes, oficinas llave en mano con dirección de obra. Los honorarios subieron de decenas de miles a cientos.

Pero su comprensión del dinero no creció con el estudio. Andréi, como la mayoría de los arquitectos que son dueños, llevaba las finanzas en la cabeza y en tres archivos de Excel que nadie más que él sabía leer. Conocía el importe total de los contratos del año y se hacía una idea aproximada de los gastos. Pero a la pregunta «¿cuánto ganaste exactamente con el restaurante?» no tenía una respuesta honesta. «En positivo, creo» era lo más preciso que podía decir.

La ilusión se sostuvo mientras hubo dos o tres proyectos. Cuando pasaron a ser seis, y el equipo eran nueve personas con sueldos fijos todos los meses, todo se vino abajo. El dinero llegaba a golpes, por anticipos y etapas, mientras los gastos fluían de forma pareja cada día. Y ese desfase entre los golpes de ingresos y el flujo parejo de gastos desembocó en aquel julio de «no hay con qué pagar los sueldos».

Cómo funciona de verdad el dinero en un estudio

Un proyecto, para un estudio de arquitectura, no es «el honorario menos unos cuantos gastos». Es un pequeño negocio dentro de tu negocio, con sus propios ingresos, sus propios gastos y, sobre todo, con su propio calendario de cuándo entra y sale ese dinero.

Imagina cada proyecto como una carpeta aparte. Tiene ingresos: todo el honorario por la obra, repartido en etapas. Y tiene costes directos: lo que desaparece precisamente por culpa de este proyecto: las horas de tus arquitectos, el pago a subcontratistas (ingeniero de estructuras, ingenieros de instalaciones, presupuestista), los renders 3D, la impresión, los viajes a obra durante la dirección. La diferencia entre el honorario y esos costes es el margen del proyecto. Lo que realmente le quedó al estudio, no lo que simplemente «pasó por la cuenta».

La fórmula aquí es de niños, y justo por eso puedes fiarte de ella: honorario menos costes directos = margen del proyecto. Los costes directos son los sueldos del equipo en las horas dedicadas precisamente a esa obra, más la subcontratación y los materiales para ella. El alquiler, la contable, la publicidad ya no son de un solo proyecto: esos los repartimos aparte. Aprende primero a ver el margen de cada obra y la mitad de la niebla se despeja.

Los pagos por etapas contra el día en que hay que pagar los sueldos

Aquí es donde se esconde la principal trampa de un estudio. El honorario lo cobras por etapas: un anticipo al arranque, un pago tras el concepto, un pago tras el proyecto de ejecución, el resto tras la dirección de obra. Entre esos pagos hay semanas, a veces meses. Pero los sueldos al equipo los pagas cada mes, con independencia de que este mes haya entrado o no un anticipo por alguna etapa.

En pocas palabras: los ingresos llegan a escalones, mientras los gastos fluyen en línea recta. Mientras hay un solo proyecto, sientes ese desfase en la propia piel y de algún modo lo equilibras. Cuando hay seis, todos en etapas distintas —uno esperando el pago del concepto, otro atascado en revisiones, un tercero que aún no ha arrancado—, adivinar si el mes que viene alcanzará para los sueldos se vuelve imposible a ojo. Justo aquí nacen los huecos de caja con la agenda llena.

Un anticipo en la cuenta aún no es tu dinero. Es dinero que todavía tienes que devengar con el equipo, con un alquiler que se seguirá descontando de él durante los próximos tres meses.

Un anticipo no es beneficio: es una deuda que se paga con trabajo

El cliente pagó 300 mil de anticipo por el arranque de un proyecto grande. En la cuenta aparece de golpe una cifra agradable y surge la tentación de tomarla por ganancia. Pero ese anticipo no es beneficio. Es una obligación: por delante quedan meses de trabajo del equipo, subcontratación, renders, dirección. Todos esos gastos los pagarás con ese mismo anticipo y, a menudo, con futuros pagos de otras obras. Si gastas el anticipo como si ya estuviera ganado, tarde o temprano acabarás en la situación de Andréi: el dinero entró, el dinero salió y todavía queda medio año de trabajo.

Un ejemplo con números: cuatro proyectos, cuatro historias distintas

Tomemos cuatro obras del estudio que a primera vista parecen todas «rentables»: los honorarios son decentes, al fin y al cabo. Contemos con honestidad: honorario menos costes directos (horas del equipo a sus tarifas más subcontratación y renders).

ProyectoHonorarioCostes directos (equipo + subcontratación)Margen del proyecto
Casa privada (concepto + ejecución)900 000 ₴520 000 ₴380 000 ₴
Restaurante (revisiones interminables)1 100 000 ₴980 000 ₴120 000 ₴
Oficina llave en mano con dirección de obra800 000 ₴430 000 ₴370 000 ₴
Proyecto «de amigos» con 30 % de descuento420 000 ₴460 000 ₴−40 000 ₴

¿Ves el truco? La obra más sonada de la cartera —el restaurante de 1,1 millones— le deja al estudio menos que la más modesta oficina de 800 mil. Porque las revisiones y el interminable «veamos una vez más otra opción» se comieron casi todo el margen. Y el proyecto «de amigos» con descuento se trabajó directamente a pérdida: el equipo dedicó más horas de las que valía todo el honorario. Formalmente el estudio está «ocupado con cuatro obras». En la práctica, dos de ellas dan de comer, una apenas respira y una tira hacia abajo en silencio.

Imagina que Andréi se pasa todo el año siguiente tomando sobre todo esos «restaurantes» y proyectos «de amigos» porque son sonados y prestigiosos. La cartera retumba, los honorarios se cuentan por millones y el margen cojea en silencio hacia el cero. De ahí viene esa sensación: «trabajamos como locos y no hay dinero».

Revisiones y ampliación del alcance: cómo el margen se derrite sin que lo notes

El mayor asesino silencioso del margen de un estudio de arquitectura es el scope creep, la ampliación del alcance. Empieza de forma inocente: «enséñenos otra opción de fachada», «movamos la cocina», «¿y si son dos plantas en vez de una?», «mi mujer quiere rehacer el salón». Cada cambio de esos por separado parece una nimiedad, y decir «no» resulta incómodo: el cliente paga un millón, al fin y al cabo.

Pero cada revisión son horas reales de tu equipo que ya no vendes por segunda vez. El honorario está fijado en el contrato, mientras que las horas dedicadas a la obra no dejan de crecer. El margen no se derrite de un golpe, sino con mil pequeñas concesiones. Y como nadie cuenta las horas por proyecto, adviertes el problema solo cuando la obra ya está entregada y el estudio no ganó nada con ella.

Esto se cura con dos cosas. La primera: un contrato claro, cuántas iteraciones entran en el honorario y qué cuesta aparte. La segunda, sin la cual la primera no funciona: el registro de horas por proyecto. Cuando ves que el restaurante ya se ha comido 1,5 veces su presupuesto de horas previsto, la conversación con el cliente sobre un pago extra por una nueva oleada de revisiones deja de ser emocional y pasa a ser factual: «este es el alcance del contrato y esto es lo que hicimos de más».

Cada «hagamos una opción más» gratis no es un gesto de buena voluntad. Es una hora de trabajo que acabas de regalar, quitándosela a tu propio margen.

La vida antes de Finmap: cómo se sentía

Andréi describía su situación casi siempre con frases como estas; quizá te reconozcas:

  • «La agenda está llena con un año de antelación, y los sueldos de julio los pagué de mi propio bolsillo».
  • «Sé el importe total de los contratos, pero no te sé decir cuánto gané en una obra concreta».
  • «Entra un anticipo, todo va bien; un mes después vuelve a estar vacío y no se sabe de dónde saldrá el dinero para el próximo sueldo».
  • «Llevo el restaurante desde hace medio año, parece rentable porque el honorario es grande. Pero a ciencia cierta no lo sé».
  • «El Excel lo lleva mi mujer por las noches, y cada proyecto nuevo es un archivo nuevo del que un mes después nadie se aclara».

Detrás de cada una de estas frases hay lo mismo: el estudio se lleva con una cuenta general, no como margen por proyecto y calendario de pagos por etapa. El dinero está; la comprensión, no.

Cómo el estudio puso orden

El punto de inflexión llegó después de aquel mismo julio. Andréi se sentó e hizo tres cosas que cambiaron la gestión del estudio.

La primera: conectó los bancos con importación automática. Todos los ingresos y salidas empezaron a cargarse solos, sin volver a teclearlos en Excel. Solo eso quitó la mitad del dolor: los números dejaron de vivir en la cabeza y en archivos que se llevan «cuando hay tiempo».

La segunda: dio de alta cada obra como un proyecto aparte. Ahora cada anticipo, cada pago de etapa, cada pago a un subcontratista quedaba etiquetado según el proyecto al que pertenecía. Por primera vez se vio el margen de cada obra por separado, y fue entonces cuando salió a la luz que el restaurante apenas estaba en positivo y el proyecto «de amigos» en negativo.

La tercera: construyó un calendario de pagos. Todos los ingresos futuros por etapas y todos los gastos futuros —sueldos, alquiler, impuestos, subcontratación— quedaron colocados en el calendario con antelación. Y el desfase entre los golpes de ingresos y el flujo parejo de gastos por fin se hizo visible antes de convertirse en catástrofe.

Las finanzas ahora: qué cambió

Tras unos meses trabajando con proyectos y calendario, el cuadro del estudio cambió no de forma cosmética, sino de fondo. Esto es lo más importante: antes y después.

  • Antes: «parece que el restaurante es rentable». Ahora: el margen del restaurante es del 11 %, y eso es una señal directa para revisar el contrato en cuanto al número de iteraciones.
  • Antes: los huecos de caja llegaban de repente, a mitad de mes. Ahora: el calendario de pagos muestra el hueco que viene con tres o cuatro semanas de antelación, y a Andréi le da tiempo a mover un pago a un subcontratista o a hablar de un anticipo por la siguiente etapa.
  • Antes: un anticipo se percibía como beneficio y se «disolvía» rápido. Ahora: ve cuánto trabajo queda todavía detrás de cada anticipo, así que el dinero no se gasta por adelantado.
  • Antes: «tomamos todos los proyectos que caen». Ahora: antes de arrancar, Andréi estima el margen y rechaza conscientemente las obras que tiran hacia números rojos, o les recalcula el precio.

Lo importante aquí no es una cifra suelta, sino la dinámica. Cuando ves el margen por proyecto no de un mes, sino de un trimestre seguido, salen a la luz cosas que antes no notabas: cierto tipo de cliente siempre trae una oleada de revisiones, la dirección de obra está sistemáticamente infravalorada en el honorario y los descuentos «de amigos» le cuestan al estudio más que todo el ahorro anual en alquiler.

Una idea para los emprendedores. La agenda llena y el hueco de caja no son una paradoja, sino una regla, si los ingresos llegan por etapas mientras los gastos fluyen cada día. Lo que salva no es «más proyectos», sino dos disciplinas sencillas: contar el margen de cada obra por separado y tener delante un calendario de pagos donde los golpes de anticipos se superponen al flujo parejo de sueldos. Entonces gestionas el estudio con números y no con la sensación de «creo que vamos en positivo».

Cómo verlo en Finmap

Todas estas cuentas funcionan solo si las ves cada día, no una vez al trimestre juntando archivos de Excel dispersos. Así es como se ve en Finmap.

  • Integraciones bancarias e importación automática. Los ingresos por etapas y los pagos a subcontratistas se cargan solos desde el banco. A ti solo te queda asignarlos a los proyectos: son segundos, no tardes con la calculadora.
  • Proyectos para la rentabilidad por obra. Cada obra es un proyecto aparte con sus propios ingresos y costes directos. El margen de cada uno se calcula solo y enseguida se ve quién alimenta al estudio y quién lo tira hacia abajo.
  • Un calendario de pagos para anticipos y sueldos. Los pagos futuros por etapas y los gastos futuros quedan en el calendario con antelación. Un hueco de caja se ve semanas antes de que llegue.
  • Cash Flow y P&L en lenguaje sencillo. No son ladrillos contables «para Hacienda», sino un cuadro que el dueño entiende: de dónde viene el dinero, adónde va y cuánto queda de verdad.

Si quieres empezar por algo concreto, mira primero cómo entender en 15 minutos qué proyecto es realmente rentable, y después profundiza en cómo calcular el margen de un proyecto para no trabajar a pérdida. Y cuando quieras eliminar los huecos de caja entre etapas, aquí tienes cómo construir un calendario de pagos desde cero.

No necesitas más proyectos: necesitas ver cada uno

El dinero en un estudio de arquitectura no desaparece a ninguna parte. Simplemente se disuelve entre obras, etapas y revisiones mientras miras una sola cuenta común. En cuanto lo desglosas por margen de proyecto y superpones los anticipos al calendario de sueldos, queda claro qué obra alimenta al equipo y cuál solo genera movimiento y cansancio. Y entonces la pregunta «tomar o no este proyecto» deja de ser una apuesta.

Prueba a mirar tu estudio de una forma nueva: 7 días gratis, sin dar la tarjeta. En una semana ya verás el margen de cada obra y los huecos que vienen en el calendario. El orden en las finanzas empieza en el momento en que por fin ves cada proyecto por separado. Empieza con Finmap.

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Olena Smolikova
Olena Smolikova
Financial expert at Finmap
  • Head of Finance Department, Beauty Hub Ltd (2020–2024).
  • Head of Management Accounting and Budgeting, Intime LLC (2016–2020).
  • Senior Economist, EdYouGet LLC (2015–2016).
  • Economist with responsibilities of Deputy CFO, Ukrainian Media Holding (2008–2015).

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Preguntas frecuentes

Tengo un estudio pequeño de tres personas, ¿esto me hace falta siquiera?

Es precisamente en un estudio pequeño donde un proyecto con pérdidas duele más, porque tienes pocos recursos para cubrirlo. Cuanto más pequeño es el equipo, más importa saber qué obra da de comer y cuál solo carga a la gente y tira hacia números rojos.

Empieza a lo bruto: una vez por semana que cada uno reparta de forma aproximada su tiempo entre las obras en las que trabajó. Incluso un reparto aproximado da un cuadro muchísimo más honesto que la «cuenta general». La precisión llegará después; lo importante es hacerlo con constancia.

Registra el dinero en la cuenta, pero recuerda: todavía no es beneficio, es una obligación que se paga con trabajo. Lleva aparte cuántas etapas te quedan por devengar con ese anticipo y reserva para ellas los futuros sueldos y subcontratación, para no gastarlo por adelantado.

No las prohíbas: fija en el contrato el número de iteraciones incluidas en el honorario y el precio de cada una adicional. Cuando muestras las horas dedicadas por encima del alcance, el pago extra parece lógica y no un capricho. Los clientes suelen entenderlo.

Básicamente una tarde: conectar el banco, añadir los proyectos y las principales categorías de gasto. Después son segundos en cada pago. Ya en el primer mes verás el margen por obra y los huecos que vienen en el calendario, y podrás decidir con números en lugar de con corazonadas.

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